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domingo, 22 de noviembre de 2009

cuento

Un príncipe estaba molesto por haberse dedicado exclusivamente a la perfección de las generosidades vulgares. Preveía sorprendentes revoluciones del amor, e intuía en sus mujeres algo mejor que esa complacencia adornada de cielo y de lujo. Quería ver la verdad, la hora del deseo y la satisfacción esenciales. Fuese o no una piedad aberrante, así lo quiso. Poseía, al menos, bastante poder humano para conseguirlo.
Todas las mujeres que le habían conocido fueron asesinadas. ¡Qué saqueo del jardín de la Belleza! Bajo el sable, ellas le bendijeron. Ya no encargó más: las mujeres reaparecieron.

Mató a cuantos le seguían, después de la caza o de las libaciones: de nuevo todos le seguían.

Se recreó degollando a los animales de lujo. Ordenó flamear los palacios. Arremetía contra la gente y la descuartizaba: la multitud, los techos de oro, los bellos animales seguían existiendo.

¡Cómo puede uno extasiarse en la destrucción, rejuvenecer mediante la crueldad! El pueblo no murmuró. Nadie dio su opinión al respecto.

Una tarde, mientras el Príncipe galopaba altivamente, se le apareció un Genio de belleza inefable, incluso inconfesable. ¡Su fisonomía y su porte prometían un amor múltiple y complejo! ¡Una felicidad indecible, incluso insoportable!. El Príncipe y el Genio se aniquilaron probablemente en la salud esencial. ¿Cómo no iba a costarles la vida? Así pues, murieron juntos. Pero este Príncipe falleció, en su palacio, a una edad corriente. El Príncipe era el Genio. El Genio era el Príncipe.

Le falta música sabia a nuestro deseo.


/Arthur Rimbaud/Iluminaciones/

lunes, 9 de noviembre de 2009

Vagabundos

¡Lamentable hermano! ¡Cuántas veladas atroces le debo! "Yo no asumía fervientemente esta empresa. Yo me había burlado de su invalidez. Por mi culpa volveríamos al exilio, a la esclavitud." Me atribuía malas rachas y una inocencia muy extrañas, y añadía razones inquietantes.

Yo respondía con burlas a ese satánico doctor y terminaba tomando la ventana. Yo creaba, más allá del campo que atravesaban bandas de música rara, los fantasmas del futuro lujo nocturno.

Tras esa distracción vagamente higiénica, me echaba sobre un catre. Y, casi todas las noches, apenas me dormía, el pobre hermano se levantaba, la boca podrida, los ojos arrancados - ¡tal como se soñaba! - y me arrastraba hasta la sala aullando su sueño de desdicha idiota.

Yo había tomado, en efecto, y con toda sinceridad de espíritu, el compromiso de devolverlo a su estado primitivo de hijo del Sol, - y nosotros errábamos, alimentados con el vino de las cavernas y el bizcocho de la ruta, yo, apurado por encontrar el lugar y la fórmula.


/Arthur Rimbaud/Iluminaciones/

miércoles, 30 de septiembre de 2009

mañana de embriaguez

¡Oh, Bien mío! ¡Oh Hermoso mío! ¡Charanga atroz en la que nunca pierdo el paso! ¡Caballete hechicero! ¡Hurra por la obra inaudita y por el cuerpo maravilloso, por vez primera! Empezó con las risas de los niños, en ellas terminará. Este veneno va a seguir en todas nuestras venas incluso cuando cambie el son de las charangas y seamos devueltos a la antigua inarmonía. ¡Oh ahora nosotros tan dignos de estas torturas! Recojamos fervientemente esa promesa sobrehumana hecha a nuestro cuerpo y a nuestra alma creados: ¡esta promesa, esta locura! ¡La elegancia, la ciencia, la violencia! Nos prometieron enterrar en la sombra el árbol del bien y del mal, deportar las honradeces tiránicas, a fin de que trajéramos nuestro purísimo amos. Empezó con algunas repugnancias y termina - incapaces de capturar al vuelo tal eternidad -, termina en desbandada de perfumes.
Risas de niños, discreción de los esclavos, austeridad de las vírgenes, horror a las figuras y a los objetos de aquí, sagrados seáis por el recuerdo de esta vigilia. Habiendo empezado con toda la zafiedad, he aquí que termina en ángeles de llamas y de hielos.
Pequeña vigilia de ebriedad, ¡santa!, aunque no fuera más que por la máscara con que nos has gratificado. ¡Nosotros te afirmamos, método! Nosotros no olvidamos que ayer glorificaste cada una de nuestras edades. Tenemos fe en el veneno. Sabemos dar la vida entera todos los días.
He aquí el tiempo de los Asesinos.

/Arthur Rimbaud/Iluminaciones/

martes, 29 de septiembre de 2009

vidas

I

¡Oh las enormes avenidas del país santo, las terrazas del templo! ¿Qué se ha hecho del brahmán que me explicó los Proverbios? ¡De entonces, de allá lejos, todavía veo incluso a las viejas! Me acuerdo de las horas de plata y sol hacia los ríos, la mano del campo sobre mi hombro, y nuestras caricias de pie en las llanuras de pimienta. - Un revuelo de palomos escarlatas truena alrededor de mi pensamiento. - Exiliado aquí, he tenido una escena donde representar las obras maestras dramáticas de todas las literaturas. Os señalaría las riquezas inauditas. Observo la historia de los tesoros que encontrasteis. ¡Veo la continuación! Mi sabiduría es tan desdeñada como el caos. ¿Qué es mi nada, ante el estupor que os espera?

II

Soy un inventor de muy distinto mérito que cuantos me precedieron; un músico incluso, que ha encontrado algo así como la clave del amor. Ahora, gentilhombre de una campiña áspera en el sobrio cielo, trato de emocionarme con el recuerdo de una infancia mendicante, del aprendizaje o de la llegada en zuecos, de las polémicas, de las cinco o seis viudeces, y de algunas nupcias en las que mi testarudez me impidió estar a tono con mis camaradas. No añoro mi antigua porción de alegría divina: el aire sobrio de esta áspera campiña alimenta muy activamente mi atroz escepticismo. Pero como en adelante ese escepticismo no puede ponerse en práctica, y como además me he entregado a una nueva turbación, - espero llegar a ser un loco muy malvado.

III

En un granero donde fui encerrado a los doce años conocí el mundo, ilustré la comedia humana. En una bodega aprendí la historia. En alguna fiesta nocturna en una ciudad del Norte encontré todas las mujeres de los antiguos pintores. En un viejo pasaje de París me enseñaron las ciencias clásicas. En una magnífica morada cercada por el Oriente entero, realicé mi inmensa obra y pasé mi ilustre retiro. He agitado mi sangre. Mi deber me ha sido condonado. Ni siquiera hay que seguir pensando en eso. Soy realmente de ultratumba, y basta de encargos.


/ArthuR RimbAud/Iluminaciones/