jueves, 15 de julio de 2010

Otra balada

Aquí termina el testamento,
y también acaba el pobre Villon.
Vengan a su entierro
cuando oigan las campanas,
vestidos de rojo escarlata,
pues murió mártir de amor.
Esto juró sobre sus propias bolas,
cuando del mundo quiso partir.

Y bien sé que no miente,
pues fue perseguido como un leproso,
odiado por aquella a quien amaba;
tanto que, de aquí al Roussillon,
no hay arbusto ni espina
que no tenga -y dicho sin mentir-
un jirón de su ropa,
cuando del mundo quiso partir.

Así es y tan verdadero,
que al mori no tenía más que harapos.
Y es más, al morir, aún de esta manera
le seguía picando el aguijón del Amor;
más agudo y firme que un punzón
de talabartero, se lo hacía sentir,
ajustando más fuerte que el cinturón,
cuando del mundo quiso partir.

Príncipe, gentil como el halcón,
escucha lo que hizo antes de morir:
se tomó un trago de vino tinto,
cuando del mundo quiso partir.

/Francois Villon/

miércoles, 14 de julio de 2010

Bebiendo solo a la luz de la luna

Si el Cielo no tuviera amor por el vino,
no habría una Estrella del Vino en el cielo.
Si la Tierra no tuviera amor por el vino,
no habría una ciudad llamada Fuentes de Vino.
Como el Cielo y la Tierra aman el vino,
puedo amar el vino sin avergonzar al Cielo.
Dicen que el vino claro es un santo,
el vino espeso sigue el camino (Tao) del sabio.
He bebido profundamente de santo y de sabio,
¿qué necesidad entonces de estudiar los espíritus
y los mortales?
Con tres copas penetro el Gran Tao,
tomo todo un jarro, y el mundo y yo somos uno.
Tales cosas como las que he soñado en vino,
nunca les serán contadas a los sobrios.

/Li Po/

martes, 13 de julio de 2010

Balada del perdón

A cartujos y a celestinos,
a mendicantes y a devotas,
a holgazanes y a presumidos,
a rufianes y bellas cortesanas
que usan camisa y ajustada la cintura,
a vanidosos, muertos de amor
que calzan sin quejarse botas ásperas
a todos les grito: ¡Perdón!

a las putitas que enseñan las tetas
para atraer a su gentil clientela,
a los pendencieros que provocan alborotos,
a saltimbanquis con sus entretenimientos,
a locos y a locas, a papanatas y tontas,
que silban de seis en seis
con vejigas y cetros,
a todos les grito: ¡Perdón!

Pero no a los traidores mastines
que me han hecho penar día y noche
y a los que ya no temo, son
sólo tres insignificantes cagadores.
Haría para ellos pedos y eructos,
pero no puedo, pues estoy sentado.
Y entonces, para evitar querellas,
a todos les grito: ¡Perdón!

Que les aplanen las quince costillas
con grandes mazos, fuertes y pesados,
con látigos que tengan pelotas de plomo,
a todos les grito: ¡Perdón!

/Francois Villon/

lunes, 12 de julio de 2010

Balada de buena doctrina

Ya seas portador de bulas,
o tramposo en juego de dados,
acuñador de monedas falsas
(con riesgo de ser escaldado),
traidores perjures, falto de palabra;
seas ladrón, rapiñador o saqueador,
¿a dónde crees que va tu dinero?
Todo a la taberna y a las mujeres.

Versea, haz burlas, toca el címbalo y el laúd,
seas loco, disfrazado o desvergonzado;
seas charlatán, farsante, tocador de flauta;
representes en villas y ciudades farsas,
juegos e inmoralidades;
ganes al azar, a las cartas, a los bolos.
Escucha bien: también se va
todo a la tarberna y a las mujeres.

¿Ante tales inmundicias retrocedes?
Trabaja, siega campos y prados,
atiende y alimenta a caballos y mulas,
si es que no eres letrado de algún modo;
tendrás bastante, si le tomas gusto.
Pero si tomas el cáñamo o lo limpias,
¿no dedicas el trabajo que has hecho,
todo a las tabernas y a las mujeres?
Toma tus calzas, recoge tus vestidos
y todas tus ropas;
antes de hacer algo peor, llévatelo
todo a las tabernas y a las mujeres.

/Francois Villon/

domingo, 11 de julio de 2010

Epitalamio

Tus manos introducirán mi bello miembro asnil
En el sagrado burdel abierto entre tus muslos
Y quiero confesarlo, a pesar de Avinain,
¡Qué me importa tu amor con tal que alcances gozo!


Mi boca a tus pechos blancos como petits suisses
Hará el abyecto honor de chupadas sin veneno
De mi verga masculina en tu coño femenino
El esperma caerá como el oro en los moldes.


¡Oh, mi tierna puta! tus nalgas han vencido
De todos los frutos pulposos el sabroso misterio,
La humilde rotundidad sin sexo de la tierra,


La luna, cada mes, tan orgulloso de su culo
Y de tus ojos surge aunque les veles
Esta obscura claridad que de las estrellas cae.



/Guillaume Apollinaire/Las 11,000 vergas/

sábado, 10 de julio de 2010

viernes, 9 de julio de 2010

Borracho y Sobrio

Un huésped reside en mí,
nuestros intereses no son completamente los mismos.
Uno de nosotros está borracho,
el otro está siempre despierto.
Despierto y sobrio
nos reímos el uno del otro,
y no comprendemos el mundo del otro.
Propiedades y convenciones,
qué tontería seguirlas muy seriamente.
Sé orgulloso, no estés involucrado,
entonces te acercarás a la sabiduría.
Escucha tú, viejo borracho,
cuando el día muere,
enciende una vela.

/Tao Yuan-ming/

jueves, 8 de julio de 2010

Retiro en Chung Nan

Ya maduro, mi corazón
halló la senda,
Y decidí vivir
al pie de esta montaña.
Cuando mi espíritu se agita,
vago solitario
En medio de la belleza
que es todo para mí.
Sigo caminando hasta donde el agua
obstruye mi sendero,
Luego me siento y contemplo
las nubes que ascienden:
Y algún día encontraré
al viejo leñador
Y charlaré y reiré
sin retornar jamás.

/Wang Wei/
una de varias posibilidades de traducción

miércoles, 7 de julio de 2010

Mudanza de casa

Hubo un tiempo en el que quería vivir en una villa del Sur,
pero no porque me guiaran los augurios.
había escuchado que muchos hombres simples vivían allí,
con ellos estaría contento de pasar mis mañanas y mis noches.
Durante muchos años este fue mi deseo,
y hoy voy a realizar mi tarea.
Una cabaña tan pobre no necesita ser espaciosa,
todo lo que quiero es una cama y un colchón.
Con frecuencia mis vecinos vendrán a verme,
discutiremos vociferando acerca de los tiempos de la antigüedad,
disfrutaremos leyendo escritos raros,
y aclararemos todas las interpretaciones dudosas.

/Tao Yuan-ming/

martes, 6 de julio de 2010

No a liberar a Irak de mí

Esta tinta derramada en vuestra prensa
es la sangre de mi país.
Esta luz diluviada de vuestras pantallas
es el brillo de los ojos en los niños de Basora.
Éste que está sollozando en la oscuridad de su exilio
soy yo;
Huérfano después de que hayáis matado a mis padres: Tigris y Eufrates;
Viudo después de que hubierais crucificado la pareja de mi alma: Irak
Oh... por ti, tierra mía: crucificada de entre las regiones.

Ay... de vosotros, señores de la guerra
Escuchadme:
No a la fiesta de los ejércitos en el tejado de mi casa.
No al verdugo que habéis plantado o al que vais a plantear.
No a vuestra libertad caída sobre las cabezas de mi gente en bombas
No a liberar Irak de mí o a mí de él.
Yo soy Irak.

Mis hierbas son las letras y sé lo que quiero.
Dejadme a mí mismo, a mi rabel y a vuestra ausencia.
Volved a vuestras películas detrás del océano.
Dejad para mí lo que queda
de los minaretes, de los mausoleos de mis ancestros,
de las tumbas de mi familia ...
Y bebed de las copas del petróleo hasta que os saciéis.

Robad la miel del azufre y la arena del desierto.
Llevad con vosotros vuestros clientes.
Llevaos al dictador con cada parte de vosotros que ha comprado con mi sangre.
Llevad lo que queráis y marchad,
dejadme sólo
con lo derribado de los sueños de mi hermana,
con el incendio de las palmeras en las orillas de Mesopotamia,
con los huesos de mi padre
y el té de la merienda.

Dejadme sólo
con las canciones tristes del sur,
con la danza degollada del norte
y con el pavo real de los Yasidíes.
Dejadme sólo
curando las heridas de mi tierra Irak
Sólo...
igual que María...
sólo con mi solitario...
Mi país: el crucificado de entre las regiones.
Sabré cómo animar su resurrección.

Sabrá cómo renacer de su ceniza.
¿Acaso habéis olvidado que él es el creador del Fénix?


Ay, un infierno, para vosotros señores de la guerra
Escuchadme:
No asustéis a las nubes de Bagdad con vuestros aviones.
No sembréis soldados en nuestro jardín.
No quitéis la chilaba a mi madre.
No. Grito no a liberar Irak de mí o a mí de él.
Yo soy Irak.
Las aldeas han florecido de mi abrigo, y sé lo que quiero.
Dejadme a mí mismo, a mi familia y a vuestro olvido.


/Muhsin Al-Ramli/

domingo, 4 de julio de 2010

Muhammad

Muhammad,
acurrucado en brazos de su padre, es un pájaro
temeroso
del infierno del cielo; papá, protégeme,
que salgo volando, y mis alas son
demasiado pequeñas para el viento… y está
oscuro
Muhammad,
quiere volver a casa, no tiene
bicicleta, tampoco una camisa nueva.
Quiere irse a hacer los deberes
del cuaderno de conjugación y gramática; llévame
a casa, papá, que quiero prepara la lección
y cumplir años uno a uno…
en la playa, bajo la palmera…
Que no se aleje todo, que no se aleje…
Muhammad,
se enfrenta a un ejército sin piedras ni
metralla, no escribe en el muro; “Mi libertad
no morirá” – aún no tiene libertad
que defender, ni un horizonte para la paloma
de Picasso. Nace eternamente el niño
con su nombre maldito
¿Cuántas veces renacerá, criatura
sin país sin tiempo para ser niño?
¿Dónde soñará si se queda dormido…
si la tierra es llaga y templo?
Muhammad,
ve su muerte viniendo ineluctable, pero
se acuerda de una pantera que vio en la tele,
una gran pantera con una cría de gacela acorralada
mas al
oler de cerca la leche
no se abalanza
como si la leche domara a la fiera de la estepa
“Entonces –dice el chico—me voy a salvar”.
Y se echa a llorar: “mi vida es un escondite
en la alacena de mi madre, me voy a salvar… yo
daré fe”
Muhammad,
ángel pobre a escasa distancia del
fusi de un cazador de sangre fría. Uno
a uno la cámara acecha los movimientos del niño
que se funde con su imagen:
su rostro, como la mañana, está claro,
claro su corazón como una manzana,
claros sus diez dedos como cirios,
claro el roció en sus pantalones.
Su cazador debería habérselo pensado
dos veces: le voy a dejar hasta que sepa deletrear
esa Palestina suya sin equivocarse…
me lo guardo en prenda
y ya le mataré mañana, ¡cuando se revuelva!
Muhammad,
un Jesuita duerme y sueña en
el corazón de un icono
fabricado de cobre,
de madera de olivo,
y del espíritu de un ´pueblo renovado.
Muhammad;
hay más sangre de la que precisan los noticiarios
y a ellos les gusta: súbete ya
al séptimo cielo
Muhammad.


/Mahmoud Darwish/

sábado, 3 de julio de 2010

La prostituta del campamento

Lo que se proponen aquellos que visitan su casa
Es palpable
Tan puros, tan altivos.

Los que se quedaron hasta tarde en los campos
La encontrarán colgando junto a los arbolitos
Los cinco peldaños musgosos
Luego la buganvilia junto a la puerta.

Sus brazaletes resuenan en su sueño como un caballo fantasma
Sus ropas interiores colorean sus sueños
Sus senos bien trillados como el sendero hacia el molino
Sus movimientos rituales entre la cama y la palangana
Cual canción popular toda la ira.

La naturaleza muerta en la pared
Las sábanas y las dos almohadas
El aroma de la colonia barata
Las uñas tras la pared
Donde el olor de sus ropas queda flotando
El jazmín más allá de la ventana

Los torpes retorcimientos de su cuerpo
La tensión que llena su silencio

Las intenciones de aquellos que pasan por su casa
El marchante y el huésped,
Los estudiantes, oficinistas y los pollos
Los directores, los guardias y los perros,
Los porteros, los gatos y los verduleros
Los padres y los hijos
Todos aquellos que han dejado su olor en su insomnio
Todos estaban allí
Detrás de los niños
El carromato
El ataúd
Tan puros, acompañándola a su destino.

/Ghassan Zaqtan/Tarteeb al-wasf/Poniendo en orden la descripción/

viernes, 2 de julio de 2010

POLLA DE NAPALM

Saludos desde mi polla que viaja a mil millas por hora
y yo subido en ella cabalgo mi propia polla
y alzo uno de mis brazos al aire y grito, río, sonrío,
alzo mi sombrero por vosotros
y os río-sonrío cuando os adelanto a mil millas por hora.
Miradme cabalgando la punta de mi polla.
Quiero que me reverenciéis a mi paso
que sintáis el poder mayestático de mi polla, que digáis:
tanta belleza no ha podido ser pensada por un dios bueno.
Y yo seré magnánimo y ecuánime
y me quitaré el sombrero al pasar delante de las señoras
y ya nada nunca será igual dentro de ellas
porque mi esencia las habrá cautivado.
Serán algo nuevo después de mí, mi germen no es inocuo,
y ya no reconocerán a los de su misma especie
y copularán con animales y plantas vivos o muertos,
para poder calmar su ansia, para poder calmar mis exigencias.
Porque yo someto a mi tiranía
a todos los que han osado mirarme a los ojos.
Son míos y yo me expreso por sus actos.
Y todas las mujeres, todos los hombres,
desearán cabalgar un día en la grupa de mi polla.
Traigo la esencia de un nuevo mundo.
Mi semen regará los campos y las montañas,
regará con su húmeda calidez a las estúpidas campesinas
que follan, desnudas, la tierra húmeda y cálida,
que buscan ser fecundadas por la Madre Tierra
desconociendo que ahora la Madre Tierra soy yo
y cada vez que golpean sus sexos abiertos
contra el suelo, golpean contra mi polla
y sienten como ella las penetra y las colma de placer
aunque después solo queden pequeños
granos húmedos y cálidos de tierra baldía.

Polla de napalm,
eyaculación mortífera que destruye todo a su paso.
Yo soy el ser que controla Su Chorro.
Vedla eyacular sobre pastos y ciudades,
vedme a mí dirigiendo su carga abrasadora.
Ved cómo todos a su paso se puestran ante mí
y cómo yo, y mi polla, dirigimos la Muerte hacia ellos
que caen rígidos, imperfectos, en una inmolación divina y sensual.
Yo cabalgo mi polla y mi polla lleva el Infierno.
Entra en las jovencitas y en las casas, en los hombres y en los establos,
fecunda desolación y muerte, pues tras su chorro de napalm
sólo queda la más perfecta de las religiones.
Y mis fieles me adorarán sin dudar, y la sangre fluirá libre,
y la muerte será un nuevo nacimiento
a una nueva era, a una nueva estirpe, a un nuevo sentido
de los cuales yo soy el Mesías,
el último Profeta de los llegados hasta vosotros.
Y mi señal es mi propia polla, polla de napalm que purifica
cuerpos y mentes, tierras y casas,
para que el pecado desaparezca, para que nada mancille mi señal.
He de llegar hasta vosotros, he de ser vuestro dios ejemplar.
Enseñadme vuestros sexos desnudos y haré de vosotros ángeles,
un coro de ángeles negros de gran coño negro,
cantando alegres a los lados de mi polla de napalm.
Y vuestras alas negras de vello púbico se agitarán a mi vera,
y eso será el invierno.
Y vuestros rostros negros de vagina abierta, cantarán mi canción,
y eso será la primavera.
Los niños, alborozados, se acercarán a mí.
Permitid que los niños se acerquen a mí.
Permitid que los niños se acerquen a mi polla de napalm.
Que mi especie riegue sus pieles virginales,
que mi semen mortal penetre a través de sus poros,
que sean míos cuando yo sea de ellos,
que el fin llegue conmigo y que nada más haya tras de mí.

Fecundaré a vuestras hijas antes de la primera menstruación.
Y mis hijos habitarán su vientre
durante treinta y tres días con sus treinta y tres noches
y después resucitarán a la vida.
Yo, orgulloso, los observaré desde el Cielo,
observaré como sus niñas-madres los arrullan en sus brazos.
Veré como la leche no brota de sus pechos incipientes
y yo los alimentaré con napalm y mi sangre.
Mi carne será su fluido.
Para después desaparecer de sus existencias.
Para esconderme tras un árbol, invisible,
y aguardar su hora, el momento de su reinado.
Para sentir cómo mi esencia domina el mundo sin mí.

Después de a los dioses, fecundaré a los héroes.
Montaré sin pudor a las hembras de todas las razas animales.
Mi semilla entablará luchas en sus vientres,
hallará óvulos blancos y óvulos negros. Y progresará.
Vedme sobre el lomo de una perra, observad mi rostro gozoso:
yo soy ese que no tiene estirpe,
ese que siembra su esencia en todas las entrañas fecundas
a su alcance. Heredaréis mi obra.

Ved el Infierno en torno a vosotros.
No, no es fácil de comprender si se persiste en estar ciego.
Yo no tengo forma definida pero podéis notar mi presencia.
Sentidme observándoos cuando hacéis patéticamente el amor,
cuando paseáis por el parque
con una sonrisa de satisfacción en vuestros labios:
todo va bien. Sentid mi presencia pues no es inocua.
Llevo conmigo el poder de mil años de destrucción,
llevo la sangre de todos los muertos culpables
corriendo mis venas. Carezco de armas.
Voy desnudo y pretendo mataros
con mis propias manos. Mirad siempre en torno a vosotros
y estad alerta. Yo siempre estaré ahí.
En los ojos de un viejo crepuscular,
en el andar de un perro cojo, en el precioso cisne
que flota muerto en el centro del estanque.

Trascenderé un rato después de que el Infierno
tapice sus paredes de terciopelo azul
y llegaré pronto hasta vosotros, creedme.
Me postraré y rezaré recogido sobre mi regazo.
Alguien llamará a la policía y seré esposado y detenido,
encerrado en una sala de techo alto
y mi gran polla de napalm requisada y ocultada en un almacén.
Pero yo seguiré rezando por vosotros
porque yo soy Cristo Resucitado.
y de mi simiente en los vientres de las jovencitas
nacerá la nueva era.

Y me elevaré sobre vosotros con los brazos y las piernas
abiertas y mi cuerpo horizontal, y navegaré por el aire
en búsqueda de lo que no existe,
porque vosotros no existís, no sois sino tierra yerma
en la que nada ha aún creído, y de mi polla brotará
la simiente que os fecundará, el napalm sagrado.
Seréis regados con mi líquido creador,
y él penetrará en vuestros cuerpos
a través de todos los poros de la piel,
y sentiréis placer, y sentiréis dolor,
y luego no sentiréis nada porque entonces yo ya estaré
sintiendo por vosotros todo lo que vosotros
no habéis sido capaces nunca de sentir.
Y advendrá una nueva era de sufrimiento.
Estaréis vacíos porque yo estaré en vosotros
y, cuerpos huecos, reptaréis con una sonrisa en los labios
hasta el día de vuestra muerte definitiva.

Postraos ante mi polla y todo tendrá sentido.
Ved cómo surge la simiente de ella y cómo ésta os riega y fecunda.
Observad cómo mi polla se abre ante vosotros
y se convierte en una gran vagina sin clítoris
que os succiona. Y ya estáis en mi coño.
Seguís una gestación inversa hacia la nada.
Hasta desaparecer por completo y ser eliminado
vuestro resto putrefacto en mi menstruación.

Mi gran coño-polla es dulce pero no tiene labios,
es tierno pero está húmedo, es cálido y finge.
Mi gran coño-polla tiene dientes cariados
que os sonríen maliciosamente. Fijad vuestra sonrisa en ellos.
Sentiréis su influjo insoportable cuando la succión esté próxima.
Entraréis dentro de mí y las paredes del coño-polla se dilatarán
a vuestro paso. Naceréis hacia dentro.
Yo soy El Nuevo Mundo, lo fértil e inexplorado,
el Infierno que dará sentido a vuestras existencias.
El Destino. Una sonrisa cariada como señal.

Estoy dentro de vosotros. Extended vuestros brazos al viento,
extended vuestros dedos en vuestras manos.
Separad las piernas, alzad la cabeza, sentid como mi piel
se pliega dentro de la vuestra, como encajo perfectamente
dentro de vosotros, como mis dedos se estiran
dentro de los vuestros, como mis piernas entran
en las vuestras y los dedos de mis pies
se acomodan en el interior de los vuestros,
como mis vísceras ocupan el lugar de las vuestras
y sincronizan sus funciones, dos corazones latiendo al unísono,
cuatro pulmones respirando a la vez,
como mi cráneo se alza hacia arriba
y entra, en el interior de vuestra cabeza.
Ahora mis pensamientos se solapan a los vuestros
y lo que yo pienso es lo que pensáis y no existe diferencia.
Desde hoy mis designios serán vuestra iniciativa,
mi iniciativa, el sentido de vuestra existencia.
Respiro a través de vosotros.

Ahora existe un nuevo orden, un nuevo sentido
en torno a lo que todo se ordena.
La relatividad ya no existe, porque yo soy Lo Relativo;
la evolución de las especies ya no existe,
porque yo soy La Especie.
El Universo entero se ordena en torno a mi presencia.
Todo equidista lo mismo de mí y desde mí.
Lo aprendido se olvidará y yo reinaré durante mil noches.
Después moriré en vosotros y vosotros moriréis conmigo.
No habrá legado. Después de mí, no habrá Nada.
Sólo un estado distinto del bien y del mal.


/Alberto Vásquez/20 poemas pornográficos/

jueves, 1 de julio de 2010

El Amante de Porfiria

The rain set early in tonight,
The sullen wind was soon awake,
It tore the elm-tops down for spite,
and did its worst to vex the lake:
I listened with heart fit to break.
When glided in Porphyria; straight
She shut the cold out and the storm,
And kneeled and made the cheerless grate
Blaze up, and all the cottage warm;
Which done, she rose, and from her form
Withdrew the dripping cloak and shawl,
And laid her soiled gloves by, untied
Her hat and let the damp hair fall,
And, last, she sat down by my side
And called me. When no voice replied,
She put my arm about her waist,
And made her smooth white shoulder bare,
And all her yellow hair displaced,
And, stooping, made my cheek lie there,
And spread, o’er all, her yellow hair,
Murmuring how she loved me—she
Too weak, for all her heart’s endeavor,
To set its struggling passion free
From pride, and vainer ties dissever,
And give herself to me forever.
But passion sometimes would prevail,
Nor could tonight’s gay feast restrain
A sudden thought of one so pale
For love of her, and all in vain:
So, she was come through wind and rain.
Be sure I looked up at her eyes
Happy and proud; at last I knew
Porphyria worshiped me: surprise
Made my heart swell, and still it grew
While I debated what to do.
That moment she was mine, mine, fair,
Perfectly pure and good: I found
A thing to do, and all her hair
In one long yellow string I wound
Three times her little throat around,
And strangled her. No pain felt she;
I am quite sure she felt no pain.
As a shut bud that holds a bee,
I warily oped her lids: again
Laughed the blue eyes without a stain.
And I untightened next the tress
About her neck; her cheek once more
Blushed bright beneath my burning kiss:
I propped her head up as before
Only, this time my shoulder bore
Her head, which droops upon it still:
The smiling rosy little head,
So glad it has its utmost will,
That all it scorned at once is fled,
And I, its love, am gained instead!
Porphyria’s love: she guessed not how
Her darling one wish would be heard.
And thus we sit together now,
And all night long we have not stirred,
And yet God has not said a word!

/Robert Browning/Dramatic Lyrics/

miércoles, 30 de junio de 2010

Al partir

Bajo del caballo para beber vino con usted,
usted me pregunta hacia dónde me dirijo.
Yo respondo; no tengo idea,
retorno insatisfecho a la Montaña del Sur.
Sólo me marcho, no pregunte nuevamente,
las nubes blancas no tienen límite de tiempo.

/Wang Wei/

lunes, 28 de junio de 2010

Devuélveme mis trapitos

sólo cáeme a la mente
que mi pensar arañe tu mejilla

sólo aparece ante mi
que mis ojos te ladren

sólo abre la boca
que mi callar rompa tu mandíbula

haz sólo que te recuerde
que mi recuerdo socave la tierra
bajo tus pies

a esto hemos llegado


1


devuélveme mis trapitos
mis trapitos de mero sueño
de sedosa sonrisa de rayado presagio
de bordados encajes

mis trapitos de puntillosa esperanza
de ardientes deseos de miradas multiculores
de piel de mi rostro

devuélveme mis trapitos
devuélvemos te lo pido bien


2


escucha tú monstruo
quítate el pañuelo blanco
nos conocemos

contigo cuando éramos niños
se sorbía de la misma taza

se dormía en el mismo lecho
contigo puñal de mirada aviesa

se caminaba por un mundo tortuoso
contigo serpiente en acecho

oye hipócrita
quítate el pañuelo blanco
para qué mentirnos


3


no te llevaré a horcajadas
no te llevaré adonde me digas

ni herrado con oro
ni uncido a la carroza del viento
ni con brida de arco iris

no quieras comprarme

no lo haré ni con las piernas en el bolsillo
ni anudado ni enhebrado
ni reducido a simple pértiga

no quieras asustarme

no lo haré ni aunque me asen
ni crudo salado
no lo haré ni en sueños

no te engañes
no entraré en el juego


4


fuera de mi amurallado infinito
del cúmulo estelar en torno a mi corazón
de mi bocado de sol

fuera del mar ridículo de mi sangre
de mi pleamar de mi bajamar
fuera de mi callar en seco

fuera dije fuera

fuera de mi abismo vivo
del desnudo árbol paterno

fuera hasta cuándo gritaré fuera

fuera de mi cabeza que estalla
fuera sólo fuera


5


tu cabeza se llena de muñecas
y yo las baño en mi sangre
y con trapitos de mi piel las visto

les hago columpios con mi pelo
un cochecito con mis vértebras
alas con mis cejas

les hago mariposas con mis sonrisas
y la ferocidad con mis dientes
para que cacen y maten el tiempo

qué juego es éste para mí



6


tu raíz y tu sangre y tu corona
y todo en la vida

sedientas las imágenes de tu cerebro
y la brasa del ojo en la punta de los dedos
y cada planta del pie

a tres calderas de aviesa agua
a tres hornos de maligno fuego
a tres fosas sin nombre y sin leche

frío tu aliento hasta la garganta
hasta la piedra en el corazón
hasta el ave navaja en la piedra

al ajuar del recién nacido al nido del vacío
a las tijeras hambrientas de principio
a la matriz celestial si la supiera

tu semilla tu savia tu brillo
y la oscuridad y el punto final de mi vida
y todo en el mundo maldigo


7


qué pasa con mis trapitos
no quieres devolverlos
te quemaré las cejas
no serás por siempre invisible

confundiré el día y la noche en tu cabeza
golpearás con la frente en mi puerta

cortaré tus hermosas uñas
para que no traces rayuelas en mi cerebro

expulsaré las nieblas de tus huesos
para que beban la cicuta de tu lengua

verás qué te haré


8


y tú quieres que nos amemos

puedes recrearme de mi ceniza
de los escombros de mi carcajada
de mis restos de hastío

puedes bella

puedes cogerme del fleco de mi olvido
abrazar a la noche en mi camisa vacía
puedes besar mi eco

pero tú no osas amar



9


huye monstruo

también nuestros pasos se muerden
se muerden tras nosotros en el vacío

no somos el uno para el otro
firme frío miro a través de ti
paso así de un sitio a otro
ni sombra de juego

cómo hemos mezclado los trapitos
devuélvemelos qué harás con ellos
en vano se decoloran sobre tus hombros
devuélvemelos huye a tu lugar inexistente

huye monstruo del monstruo

donde están tus ojos
también allí está el monstruo

10

negra tu lengua negro tu mediodía

negra tu esperanza

todo en ti negro sólo mi horror blanco

mío el lobo en tu garganta

la tormenta tu lecho

mi terror tu cabecera

amplio tu campo sin calma

de fuego tu bocado y céreos tus dientes

masca tú glotona

masca cuanto quieras

mudo tu viento muda tu agua

muda tu flor

todo en ti mudo sólo mi rechinar sonoro

mío el gavilán en tu corazón

que te arranquen de tu madre horror

11

borré tu rostro de mi rostro

desollé tu sombra de mi sombra

allané en ti las colinas

convertí las colinas en llanuras

te confundí las estaciones del año

separé de tí todas las partes del mundo

en torno a ti plegué mi camino de vida

el intransitable el imposible

trata tú de encontrarme ahora

12

basta de elocuente siempreviva

basta de dulces futilidades

nada quiero oir nada quiero saber

basta basta de todo

diré lo último basta

me llenaré la boca de tierra

apretaré los dientes

para terminar bebedora de cráneos

para terminar de una vez para siempre

quedaré como soy

sin raíz sin rama sin corona

quedaré apoyado en mí

en mis chichones

seré en ti un palo de espino

lo único que puede ser en ti

en ti arruinadora del juego

que nunca vuelva

13

no te burles monstruo

ocultaste el puñal bajo el pañuelo

te excediste hiciste una zancadilla

arruinaste el juego

que se me revuelva el cielo

que el sol me rompa la cabeza

que mis trapitos se dispersen

no te burles monstruo del monstruo

devuélveme mis trapitos

yo te devolveré los tuyos

/Vasko Popa/Campo sin Sosiego/

lunes, 21 de junio de 2010

consejo y medio

antesde morir querido vecino
hay que dormir bien

me aconseja mi conocido
vagabundo del parque cercano

y no se levanta del banco
donde reposa hasta hartarse

/Vasko Popa/Tajo/

viernes, 18 de junio de 2010

El error arrogante

había una vez un error
tan ridículo tan pequeño
que nadie lo hubiera percibido

no quería
ni mirarse ni oírse

qué no imaginó
para mostrar
que en realidad no existía

imaginó el espacio
donde alojar sus pruebas
y el tiempo que las cuidara
y el mundo que las viera

todo cuanto imaginó
no era ni tan ridículo
ni tan pequeño
pero era naturalmente erróneo

¿podría ser de otro modo?

martes, 15 de junio de 2010

origen del amor

espero el sol en un banco del parque
frente a mi apartamento

sigo el vagar de las nubes en el cielo
y las parejas abrazadas
en el sendero entre pinos

en la punta del banco el lector del periódico
sigue la trayectoria de mis miradas

el amor no existió desde siempre
lo inventó la gente pobre

para llegar sin ducados
hasta la dulce cerradura femenina
y la llave verdadera del hombre

/Vasko Popa/Tajo/

jueves, 10 de junio de 2010

El número olvidadizo

había una vez un número
puro y redondo como el sol
pero solo muy solo

comenzó a calcular consigo

se dividía se multiplicaba
se restaba se sumaba
y siempre quedaba solo

dejó de calcular consigo
y se encerró en su redonda
y soleada pureza

afuera quedaron ardientes
las huellas de sus cálculos

comenzaron a perseguirse en la oscuridad
a dividirse cuando se multiplican
a restarse cuando se sumaban

como sucede en la oscuridad

y no hubo quien le rogara
que detuviera las huellas
y las borrara

/Vasko Popa/bostezo sobre bostezos/

viernes, 4 de junio de 2010

al seductor

uno acaricia la pata de silla
hasta que la silla se mueva
y haga con su pata una dulce señal

otro besa la cerradura
la besa sñolo la besa
hasta que ella le devuelva el beso

el tercero permanece al margen
fija los ojos en los otros dos
y gira la cabeza gira

hasta que se le caiga


/Vasko Popa/Juegos/

martes, 25 de mayo de 2010

El desván

Ven, apiadémonos de los que tienen más fortuna que nosotros.
Ven, amiga, y recuerda
que los ricos tienen mayordomos en vez de amigos,
y nosotros tenemos amigos en vez de mayordomos.
Ven, apiadémonos de los casados y de los solteros.

La aurora entra con sus pies diminutos
como una dorada Pavlova,
y yo estoy cerca de mi deseo.
Nada hay en la vida que sea mejor
que esta hora de limpia frescura,
la hora de despertarnos juntos.


/Ezra Pound/

miércoles, 7 de abril de 2010

Encargo

Id, canciones mías, al solitario y al insatisfecho,
id también al desquiciado, al esclavo de las convenciones,
llevadles mi desprecio hacia sus opresores.
Id como una ola gigante de agua fría,
llevad mi desprecio por los opresores.

Hablad contra la opresión inconsciente,
hablad contra la tiranía de los que no tienen imaginación,
hablad contra las ataduras,
id a la burguesa que se está muriendo de tedio,
id a las mujeres de los barrios residenciales,
id a las repugnantemente casadas,
id a aquellas cuyo fracaso está oculto,
id a las emparejadas sin fortuna,
id a la esposa comprada,
id a la mujer comprometida.

Id a los que tienen una lujuria exquisita,
id a aquellos cuyos deseos exquisitos son frustrados,
id como una plaga contra el aburrimiento del mundo;
id con vuestro filo contra esto,
reforzad los sutiles cordones,
traed confianza a las algas y tentáculos del alma.

Id de manera amistosa,
id con palabras sinceras.
Ansiad el hallazgo de males nuevos y de un nuevo bien,
oponeos a todas las formas de opresión.
Id a quienes la mediana edad ha engordado,
a los que han perdido el interés.

Id a los adolescentes a quienes les asfixia la familia...
¡Oh, qué asqueroso resulta
ver tres generaciones reunidas bajo un mismo techo!
Es como un árbol viejo con retoños
y con algunas ramas podridas y cayéndose.

Salid y desafiad la opinión,
id contra este cautiverio vegetal de la sangre.
Id contra todas las clases de manos muertas.

/Ezra Pound/

lunes, 5 de abril de 2010

Apogeo del apio

Del centro puro que los ruidos nunca
atravesaron, de la intacta cera,
salen claros relámpagos lineales,
palomas con destino de volutas,
hacia tardías calles con olor
a sombra y a pescado.

Son las venas del apio! Son la espuma, la risa,
los sombreros del apio!
Son los signos del apio, su sabor
de luciérnaga, sus mapas
de color inundado,
y cae su cabeza de ángel verde,
y sus delgados rizos se congojan,
y entran los pies del apio en los mercados
de la mañana herida, entre sollozos,
y se cierran las puertas a su paso,
y los dulces caballos se arrodillan.

Sus pies cortados van, sus ojos verdes
van derramados, para siempre hundidos
en ellos los secretos y las gotas:
los túneles del mar de donde emergen,
las escaleras que el apio aconseja,
las desdichadas sombras sumergidas,
las determinaciones en el centro del aire,
los besos en el fondo de las piedras.

A medianoche, con manos mojadas,
alguien golpea mi puerta en la niebla,
y oigo la voz del apio, voz profunda,
áspera voz de viento encarcelado,
se queja herido de aguas y raíces,
hunde en mi cama sus amargos rayos,
y sus desordenadas tijeras me pegan en el pecho
buscándome la boca del corazón ahogado.

Qué quieres, huésped de corsé quebradizo,
en mis habitaciones funerales?
Qué ámbito destrozado te rodea?
Fibras de oscuridad y luz llorando,
ribetes ciegos, energías crespas,
río de vida y hebras esenciales,
verdes ramas de sol acariciado,
aquí estoy, en la noche, escuchando secretos,
desvelos, soledades,
y entráis, en medio de la niebla hundida,
hasta crecer en mí, hasta comunicarme
la luz oscura y la rosa de la tierra.

/Pablo Neruda/Residencia en la Tierra/

sábado, 3 de abril de 2010

Don del Poema

¡Te traigo aquí a la hija de una noche idumea!
Negra, de ala sangrienta y pálida e implume,
por el vidrio que incendian los aromas y el oro,
por heladas ventanas opacas todavía,
la aurora se arrojó sobre el candil angélico,
¡palmas! y cuando ya mostraba esa reliquia
al padre que enemiga sonrisa aventuraba,
la estéril soledad azul se estremecía.
¡Oh arrulladora, con tu niña y la inocencia
de tus helados pies el nacimiento horrible
acoge, y con tu voz que viola y clave evoca.
¿Oprimirán tus dedos marchitos ese pecho
del que mana en blancura sibilina la hembra
hacia labios que el aire del azul virgen tienta?

/Stephane Mallarmè/

viernes, 2 de abril de 2010

Don del Poema

¡Te traigo la criatura de una noche idumea!
Con el ala sangrante, negra, pálida, implume,
por el vidrio encendido de aromas y de oro
por las ventanas gélidas ¡ay! tristes todavía,
se lanzó el alba sobre la lámpara seráfica,
¡palmas! y en el momento de mostrar la reliquia
al padre que ensayaba la enemiga sonrisa,
la soledad estéril y azul se ha estremecido.
¡Oh nodriza con tu criatura y la inocencia
de vuestros pies transidos!, horrible nacimiento
acoge y, recordando con la voz viola y clave,
¿oprimirás el seno con el dedo marchito
donde la mujer fluye con albor sibilino
para anhelantes labios de aire del virgen cielo?

/Stephane Mallarmè/

sábado, 20 de marzo de 2010

Papi

Ya no, ya no,
ya no me sirves, zapato negro,
en el cual he vivido como un pie
durante treinta años, pobre y blanca,
sin atreverme apenas a respirar o hacer achís.

Papi: he tenido que matarte.
Te moriste antes de que me diera tiempo…
Pesado como el mármol, bolsa llena de Dios,
lívida estatua con un dedo del pie gris,
del tamaño de una foca de San Francisco.

Y la cabeza en el Atlántico extravagante
en que se vierte el verde legumbre sobre el azul
en aguas del hermoso Nauset.
Solía rezar para recuperarte.
Ach, du.

En la lengua alemana, en la localidad polaca
apisonada por el rodillo
de guerras y más guerras.
Pero el nombre del pueblo es corriente.
Mi amigo polaco

dice que hay una o dos docenas.
De modo que nunca supe distinguir dónde
pusiste tu pie, tus raíces:
nunca me pude dirigir a ti.
La lengua se me pegaba a la mandíbula.

Se me pegaba a un cepo de alambre de púas.
Ich, ich, ich, ich,
apenas lograba hablar:
Creía verte en todos los alemanes.
Y el lenguaje obsceno,

una locomotora, una locomotora
que me apartaba con desdén, como a un judío.
Judío que va hacia Dachau, Auschwitz, Belsen.
Empecé a hablar como los judíos.
Creo que podría ser judía yo misma.

Las nieves del Tirol, la clara cerveza de Viena,
no son ni muy puras ni muy auténticas.
Con mi abuela gitana y mi suerte rara
y mis naipes de Tarot, y mis naipes de Tarot,
podría ser algo judía.


Siempre te tuve miedo,
con tu Luftwaffe, tu jerga pomposa
y tu recortado bigote
y tus ojos arios, azul brillante.
Hombre-panzer, hombre-panzer: oh Tú...

No Dios, sino un esvástica
tan negra, que por ella no hay cielo que se abra paso.
Cada mujer adora a un fascista,
con la bota en la cara; el bruto,
el bruto corazón de un bruto como tú.

Estás de pie junto a la pizarra, papi,
en el retrato tuyo que tengo,
un hoyo en la barbilla en lugar de en el pie,
pero no por ello menos diablo, no menos
el hombre negro que

me partió de un mordisco el bonito corazón en dos.
Tenía yo diez años cuando te enterraron.
A los veinte traté de morir
para volver, volver, volver a ti.
Supuse que con los huesos bastaría.

Pero me sacaron de la tumba,
y me recompusieron con pegamento.
Y entonces supe lo que había que hacer.

Saqué de ti un modelo,
un hombre de negro con aire de Meinkampf,

e inclinación al potro y al garrote.
Y dije sí quiero, sí quiero.
De modo, papi, que por fin he terminado.
El teléfono negro está desconectado de raíz,
las voces no logran que críe lombrices.

Si ya he matado a un hombre, que sean dos:
el vampiro que dijo ser tú
y me estuvo bebiendo la sangre durante un año,
siete años, si quieres saberlo.
Ya puedes descansar, papi.

Hay una estaca en tu negro y grasiento corazón,
y a la gente del pueblo nunca le gustaste.
Bailan y patalean encima de ti.
Siempre supieron que eras tú.
Papi, papi, hijo de puta, estoy acabada.


/Sylvia Plath/

martes, 2 de marzo de 2010

Tenebrae

Cerca estamos, Señor,
cerca y aferrables.
Afferados ya, Señor,
en crispado entrevero, como si
el cuerpo de cada uno de nosotros
fuese tu cuerpo, Señor.
Ora, Señor,
ora hacia nosotros,
estamos cerca.
Ladeados por la ráfaga fuimos,
fuimos, a inclinarnos sobre
la cuenca y el lago primordial.
Al abrevadero fuimos, Señor.
Fue sangre, fue,
lo que derramaste, Señor.
Brillaba.
Nos arrojó tu imagen a los ojos, Señor.
Ojos y boca están tan abiertos y vacíos, Señor.
Hemos bebido, Señor.
La sangre y la imagen que había en la sangre, Señor.
Ora, Señor.
Estamos cerca.

/Paul celan/reja del habla/

lunes, 22 de febrero de 2010

ARGUMENTUM E SILENTIO

Para René Char

Colocada en la cadena
entre oro y olvido:
la noche.
Cogerla quisieron ambos,
a los dos les dió licencia.
Deposita,
ahora deposita tú también lo que quiere despuntar
junto a los días:
la palabra sobrevolada de estrellas,
la rociada de mar.
A cada uno la palabra,
a cada uno la palabra que lo cantó,
cuando la jauría le saltaba por la espalda —
a cada uno la palabra que lo cantó y quedó empedernida.
A ella, a la noche,
la sobrevolada de estrellas, la rociada de mar,
a ella la silenciada,
de la que no manó la sangre, cuando el venenoso diente
de las sílabas se clavó.
A ella la palabra silenciada.
En contra de las otras, que pronto,
que rodeadas obscenamente por oídos de desuello,
también escalan el tiempo y los tiempos,
da testimonio al final,
al final, cuando sólo repican las cadenas,
da testimonio de ella, que yace allí
entre oro y olvido,
ambos hermanados desde siempre —
¿Pues dónde
clarea, dime, si no es donde ella,
que en la región aluvial de sus lágrimas
le muestra a los soles que descienden
una y otra vez la cosecha?

/Paul Celan/de umbral en umbral/

viernes, 5 de febrero de 2010

Cualquier piedra que levantes

Cualquier piedra que levantes —
tú descubres
a aquellos que necesitan el abrigo de las piedras:
desnudos,
ya renuevan el entrevero.
Cualquier árbol que derribes —
tú construyes
el lecho sobre el cual
las almas se amontonan y amontonan,
como si no se raleara
también este
Evo.
Cualquier palabra que tú hables —
la debes
al destrozo.

/Paul Celan/de umbral en umbral/

miércoles, 27 de enero de 2010

Brillo

El cuerpo callando
yaces en la arena junto a mí,
sobre ti las estrellas.
..................................
¿Quebróse
de lo alto un
rayo hacia mí?
¿O es la vara de la justicia
que sobre nosotros fue rota
la que talmente brilla?

/Paul Celan/de umbral en umbral/

domingo, 24 de enero de 2010

En Egipto


Debes decirle al ojo de la forastera: sé tú el agua.
Debes buscar a las que sabes en el agua en el ojo de la forastera.
Debes llamarlas fuera del agua: ¡Rut, Noemí, Miriam!
Debes adornarlas, cuando yaces con la forastera.
Debes adornarlas con el cabello de nube de la forastera.
Debes decir a Rut y a Miriam y a Noemí:
¡Mira, con ella duermo!
Debes adornar más bella que nada a la forastera junto a ti.
Debes adornarla con la pena por Rut, por Miriam y Noemí.
Debes decir a la forastera:
¡Mira, yo dormí con éstas!

/Paul Celan/de amapola y memoria/

domingo, 17 de enero de 2010

Agua Sexual

Rodando a goterones solos,
a gotas como dientes,
a espesos goterones de mermelada y sangre,
rodando a goterones,
cae el agua,
como una espada en gotas,
como un desgarrador río de vidrio,
cae mordiendo,
golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del
alma,
rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.

Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto,
un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,
un movimiento agudo,
haciéndose, espesándose,
cae el agua,
a goterones lentos,
hacia su mar, hacia su seco océano,
hacia su ola sin agua.

Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero,
bodegas, cigarras,
poblaciones, estímulos,
habitaciones, niñas
durmiendo con las manos en el corazón,
soñando con bandidos, con incendios,
veo barcos,
veo árboles de médula
erizados como gatos rabiosos,
veo sangre, puñales y medias de mujer,
y pelos de hombre,
veo camas, veo corredores donde grita una virgen,
veo frazadas y órganos y hoteles.

Veo los sueños sigilosos,
admito los postreros días,
y también los orígenes, y también los recuerdos,
como un párpado atrozmente levantado a la fuerza
estoy mirando.

Y entonces hay este sonido:
un ruido rojo de huesos,
un pegarse de carne,
y piernas amarillas como espigas juntándose.
Yo escucho entre el disparo de los besos,
escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

Estoy mirando, oyendo,
con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma
en la tierra,
y con las dos mitades del alma miro al mundo.

y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,
veo caer un agua sorda,
a goterones sordos.
Es como un huracán de gelatina,
como una catarata de espermas y medusas.
Veo correr un arco iris turbio.
Veo pasar sus aguas a través de los huesos.

/Pablo Neruda/

miércoles, 13 de enero de 2010

COMO HA DE SER TU VOZ...

Ten una voz, mujer,
que pueda
decir mis versos
y pueda
volverme sin enojo, cuando sueñe
desde el cielo a la tierra...
Ten una voz, mujer,
que cuando me despierte no me hiera...
Ten una voz, mujer, que no haga daño
cuando me pregunte: ¿qué piensas?
Ten una voz, mujer,
que pueda
cuando yo esté contando
las estrellas
decirme de tal modo
¿qué cuentas?
que al volver hacia ti los ojos
crea
que pasé contando
de una estrella
a
otra estrella.
Ten una voz, mujer, que sea
cordial como mi verso
y clara como una estrella.


/León Felipe/

martes, 12 de enero de 2010

COMO HAN DE SER TUS OJOS

Mujer... no tendré un beso de niño para ti
ni de viejo, ni de sátiro...
cuando vengas no besaré tus mejillas
ni tu frente, ni tus labios.
Pondré mi boca en los pliegues
recogidos de tus párpados
y beberé el agua clara
que suba a tus ojos claros.
Trae unos ojos azules, mujer,
trae unos ojos azules, de un azul tranquilo y claro
que tengo sed...
sed de peregrino cansado
de muchas jornadas duras
por caminos solitarios
y quiero
llevar mis labios
al agua clara y tranquila
de un remanso que refleje
un cielo tranquilo y claro.

domingo, 20 de diciembre de 2009

"Don Roldán llegó a la Torre Oscura"

Childe Roland to the Dark Tower came

I
My first thought was, he lied in every word,
That hoary cripple, with malicious eye
Askance to watch the working of his lie
On mine, and mouth scarce able to afford
Suppression of the glee that pursed and scored
Its edge, at one more victim gained thereby.

II
What else should he be set for, with his staff?
What, save to waylay with his lies, ensnare
All travellers who might find him posted there,
And ask the road? I guessed what skull-like laugh
Would break, what crutch 'gin write my epitaph
For pastime in the dusty thoroughfare,

III
If at his counsel I should turn aside
Into that ominous tract which, all agree,
Hides the Dark Tower. Yet acquiescingly
I did turn as he pointed: neither pride
Nor hope rekindling at the end descried,
So much as gladness that some end might be.

IV
For, what with my whole world-wide wandering,
What with my search drawn out thro' years, my hope
Dwindled into a ghost not fit to cope
With that obstreperous joy success would bring,
I hardly tried now to rebuke the spring
My heart made, finding failure in its scope.

V
As when a sick man very near to death
Seems dead indeed, and feels begin and end
The tears and takes the farewell of each friend,
And hears one bid the other go, draw breath
Freelier outside ("since all is o'er," he saith,
"And the blow fallen no grieving can amend;")

VI
While some discuss if near the other graves
Be room enough for this, and when a day
Suits best for carrying the corpse away,
With care about the banners, scarves and staves:
And still the man hears all, and only craves
He may not shame such tender love and stay.

VII
Thus, I had so long suffered in this quest,
Heard failure prophesied so oft, been writ
So many times among "The Band" - to wit,
The knights who to the Dark Tower's search addressed
Their steps - that just to fail as they, seemed best,
And all the doubt was now—should I be fit?

VIII
So, quiet as despair, I turned from him,
That hateful cripple, out of his highway
Into the path he pointed. All the day
Had been a dreary one at best, and dim
Was settling to its close, yet shot one grim
Red leer to see the plain catch its estray.

IX
For mark! no sooner was I fairly found
Pledged to the plain, after a pace or two,
Than, pausing to throw backward a last view
O'er the safe road, 'twas gone; grey plain all round:
Nothing but plain to the horizon's bound.
I might go on; nought else remained to do.

X
So, on I went. I think I never saw
Such starved ignoble nature; nothing throve:
For flowers - as well expect a cedar grove!
But cockle, spurge, according to their law
Might propagate their kind, with none to awe,
You'd think; a burr had been a treasure trove.

XI
No! penury, inertness and grimace,
In some strange sort, were the land's portion. "See
Or shut your eyes," said Nature peevishly,
"It nothing skills: I cannot help my case:
'Tis the Last Judgment's fire must cure this place,
Calcine its clods and set my prisoners free."

XII
If there pushed any ragged thistle-stalk
Above its mates, the head was chopped; the bents
Were jealous else. What made those holes and rents
In the dock's harsh swarth leaves, bruised as to baulk
All hope of greenness? 'tis a brute must walk
Pashing their life out, with a brute's intents.

XIII
As for the grass, it grew as scant as hair
In leprosy; thin dry blades pricked the mud
Which underneath looked kneaded up with blood.
One stiff blind horse, his every bone a-stare,
Stood stupefied, however he came there:
Thrust out past service from the devil's stud!

XIV
Alive? he might be dead for aught I know,
With that red gaunt and colloped neck a-strain,
And shut eyes underneath the rusty mane;
Seldom went such grotesqueness with such woe;
I never saw a brute I hated so;
He must be wicked to deserve such pain.

XV
I shut my eyes and turned them on my heart.
As a man calls for wine before he fights,
I asked one draught of earlier, happier sights,
Ere fitly I could hope to play my part.
Think first, fight afterwards - the soldier's art:
One taste of the old time sets all to rights.

XVI
Not it! I fancied Cuthbert's reddening face
Beneath its garniture of curly gold,
Dear fellow, till I almost felt him fold
An arm in mine to fix me to the place
That way he used. Alas, one night's disgrace!
Out went my heart's new fire and left it cold.

XVII
Giles then, the soul of honour - there he stands
Frank as ten years ago when knighted first.
What honest men should dare (he said) he durst.
Good - but the scene shifts - faugh! what hangman hands
Pin to his breast a parchment? His own bands
Read it. Poor traitor, spit upon and curst!

XVIII
Better this present than a past like that;
Back therefore to my darkening path again!
No sound, no sight as far as eye could strain.
Will the night send a howlet or a bat?
I asked: when something on the dismal flat
Came to arrest my thoughts and change their train.

XIX
A sudden little river crossed my path
As unexpected as a serpent comes.
No sluggish tide congenial to the glooms;
This, as it frothed by, might have been a bath
For the fiend's glowing hoof - to see the wrath
Of its black eddy bespate with flakes and spumes.

XX
So petty yet so spiteful! All along
Low scrubby alders kneeled down over it;
Drenched willows flung them headlong in a fit
Of mute despair, a suicidal throng:
The river which had done them all the wrong,
Whate'er that was, rolled by, deterred no whit.

XXI
Which, while I forded, - good saints, how I feared
To set my foot upon a dead man's cheek,
Each step, or feel the spear I thrust to seek
For hollows, tangled in his hair or beard!
—It may have been a water-rat I speared,
But, ugh! it sounded like a baby's shriek.

XXII
Glad was I when I reached the other bank.
Now for a better country. Vain presage!
Who were the strugglers, what war did they wage,
Whose savage trample thus could pad the dank
Soil to a plash? Toads in a poisoned tank,
Or wild cats in a red-hot iron cage—

XXIII
The fight must so have seemed in that fell cirque.
What penned them there, with all the plain to choose?
No foot-print leading to that horrid mews,
None out of it. Mad brewage set to work
Their brains, no doubt, like galley-slaves the Turk
Pits for his pastime, Christians against Jews.

XXIV
And more than that - a furlong on - why, there!
What bad use was that engine for, that wheel,
Or brake, not wheel - that harrow fit to reel
Men's bodies out like silk? with all the air
Of Tophet's tool, on earth left unaware,
Or brought to sharpen its rusty teeth of steel.

XXV
Then came a bit of stubbed ground, once a wood,
Next a marsh, it would seem, and now mere earth
Desperate and done with; (so a fool finds mirth,
Makes a thing and then mars it, till his mood
Changes and off he goes!) within a rood—
Bog, clay and rubble, sand and stark black dearth.

XXVI
Now blotches rankling, coloured gay and grim,
Now patches where some leanness of the soil's
Broke into moss or substances like boils;
Then came some palsied oak, a cleft in him
Like a distorted mouth that splits its rim
Gaping at death, and dies while it recoils.

XXVII
And just as far as ever from the end!
Nought in the distance but the evening, nought
To point my footstep further! At the thought,
A great black bird, Apollyon's bosom-friend,
Sailed past, nor beat his wide wing dragon-penned
That brushed my cap—perchance the guide I sought.

XXVIII
For, looking up, aware I somehow grew,
'Spite of the dusk, the plain had given place
All round to mountains - with such name to grace
Mere ugly heights and heaps now stolen in view.
How thus they had surprised me, - solve it, you!
How to get from them was no clearer case.

XXIX
Yet half I seemed to recognise some trick
Of mischief happened to me, God knows when—
In a bad dream perhaps. Here ended, then,
Progress this way. When, in the very nick
Of giving up, one time more, came a click
As when a trap shuts - you're inside the den!

XXX
Burningly it came on me all at once,
This was the place! those two hills on the right,
Crouched like two bulls locked horn in horn in fight;
While to the left, a tall scalped mountain . . . Dunce,
Dotard, a-dozing at the very nonce,
After a life spent training for the sight!

XXXI
What in the midst lay but the Tower itself?
The round squat turret, blind as the fool's heart
Built of brown stone, without a counterpart
In the whole world. The tempest's mocking elf
Points to the shipman thus the unseen shelf
He strikes on, only when the timbers start.

XXXII
Not see? because of night perhaps? - why, day
Came back again for that! before it left,
The dying sunset kindled through a cleft:
The hills, like giants at a hunting, lay
Chin upon hand, to see the game at bay,—
"Now stab and end the creature - to the heft!"

XXXIII
Not hear? when noise was everywhere! it tolled
Increasing like a bell. Names in my ears
Of all the lost adventurers my peers,—
How such a one was strong, and such was bold,
And such was fortunate, yet each of old
Lost, lost! one moment knelled the woe of years.

XXXIV
There they stood, ranged along the hillsides, met
To view the last of me, a living frame
For one more picture! in a sheet of flame
I saw them and I knew them all. And yet
Dauntless the slug-horn to my lips I set,
And blew. "Childe Roland to the Dark Tower came."


Childe Roland a la Torre Oscura llegó

I
Mi primer pensamiento fue que mentía en cada palabra,
Aquel viejo lisiado, con mirada maliciosa
Observando con recelo el efecto de su mentira
En la mía, y la boca apenas capaz de disimular
El júbilo, que fruncía y perfilaba
Su comisura, por así haber atrapado otra víctima.

II
¿Para qué si no estaría él dispuesto con su cayado?
¿Para qué, salvo para acechar con sus mentiras, para enredar
A todo viajero que lo hallase allí apostado
Y preguntase el camino? Conjeturé qué risa cadavérica
Estallaría, qué muleta escribiría mi epitafio
Como pasatiempo en la polvorienta calzada,

III
Si por su consejo yo virase
Hacia aquella ominosa región en la que, como todos saben,
Se esconde la Torre Oscura. Aun así, aceptándolo
,Me desvié hacia donde él señalaba: no por orgullo
Ni por esperanza reavivados en el final señalado,
Sino por la alegría de que existiese algún final.

IV
Porque, a pesar de mi vagabundeo por todo el mundo,
A pesar de mi búsqueda que se alargaba a través de los años, mi esperanza
Menguaba en un fantasma no preparado para poder
Con ese turbulento regocijo que brindaría el éxito,
-Apenas podía intentar reprimir ahora el salto
Que dio mi corazón, al hallar un fallo en su aptitud.

V
Al igual que un hombre enfermo que se aproxima a su muerte
Parece efectivamente muerto, y comienzan las sensaciones y terminan
Las lágrimas y recibe la despedida de cada amigo,
Y oye a uno proponer a otro marchar, para respirar
Mas libremente en el exterior, ("puesto que todo terminó," dijo él,
"Y ningún lamento puede compensar la desgracia")

VI
Mientras algunos discuten si cerca de las otras tumbas
Habrá espacio suficiente para esto, y qué momento del día
Es el mejor para llevarse el cadáver
Poniendo cuidado en los estandartes, pañuelos y bordones:
Y el hombre aún lo oye todo, y solamente anhela
No deshonrar tan tierno amor y permanecer.

VII
Así, he sufrido tanto en esta búsqueda,
He oído el fracaso tan a menudo profetizado, he sido incluido
Tantas veces en "El Grupo"- a saber,
Los caballeros que a la busca de la Torre Oscura encaminaron
Sus pasos- que el sólo fallar como ellos parecía un triunfo,
Y toda la duda ahora era- ¿sería digno?

VIII
Así, en silenciosa desesperación, me alejé de él,
De aquel odioso lisiado, fuera de su camino,
Hacia el sendero que él señalaba. Todo el día
Había sido monótono a lo sumo, y turbio
Se volvía hacia el final, y aún soltó una lúgubre
Mirada roja y obscena para ver al llano atrapar al caminante distraído.

IX¡
Por la marca! Apenas me hube
Internado en el llano, tras un paso o dos,
Al detenerme para echar una última mirada atrás
Hacia el camino seguro, éste había desaparecido; gris llanura por todas partes:
Nada salvo planicie hasta el confín del horizonte.
Debía seguir; no había nada más que hacer.

X
Así que, continué. Creo que nunca antes vi
Tan yerma e innoble naturaleza; nada prosperaba:
Por flores- se podía esperar una arboleda de cedros!
Pero la gramínea, el tártago podía, de acuerdo con su ley,
Propagar su especie, sin nada que temer,
Pensarías que una carda habría sido un valioso tesoro.

XI
¡No! Penuria, pereza y mueca,
De alguna extraña forma, eran parte de la tierra.
"MiraO cierra tus ojos," dijo la Naturaleza de mala gana,
"Nada instruye, mi caso no tiene remedio;
Es el fuego del Juicio Final quien debe sanar este lugar,
Calcinar sus suelos y liberar a mis prisioneros."

XII
Si algún rasgado tallo de cardo se elevara
Sobre sus compañeros, le cortaban la cabeza, los torcidos
Sentían celos sino. ¿Qué hizo esos agujeros y rasgaduras
En las ásperas hojas de césped del embarcadero, golpeadas como para impedir
¿Toda esperanza de verdor? Existe alguna bestia que debe andar
Destrozando sus vidas, con bestiales intentos.

XIII
En cuanto a la hierba, crecía tan exigua como el cabello
En la lepra; delgadas hojas secas se erguían en el lodo,
Que por debajo parecía amasado con sangre.
Un yerto caballo ciego, con cada hueso visible,
Permanecía estupefacto sobre cómo llegó allí,
Expulsado de su previo servicio en la caballeriza del diablo

XIV
¿Vivo? Por lo que a mí concierne él podría estar muerto,
Con aquella roja delgadez y el cuello hundido por el esfuerzo
Y los ojos cerrados bajo la enmohecida crin;
Raramente tal monstruosidad iba de la mano con semejante tristeza;
Nunca vi una bestia a la que odiase tanto;
Debía ser perversa para merecer tanto dolor.

XV
Cerré mis ojos y los volví hacia mi corazón.
Como un hombre pide vino antes de luchar,
Pedí un sorbo de anteriores y más felices escenas
Esperando así poder cumplir bien mi cometido
Piensa primero, pelea después- el arte del soldado:
Un paladeo del tiempo pasado lo pone todo en orden.

XVI
¡Eso no! Imaginé el enrojecido rostro de Cuthbert
Bajo el adorno de sus dorados rizos,
Querido amigo, hasta que casi pude sentirlo rodear
Su brazo con el mío para llevarme hacia el lugar,
Como él solía hacerlo. ¡Ay! ¡La desgracia de una noche!
Se apagó el nuevo fuego de mi corazón y lo dejó frío

XVII
Luego a Giles, el espíritu del honor- ahí se yergue él,
Leal como hace diez años recién armado caballero
A lo que cualquier hombre honrado se atreviera (dijo él) él se atrevió.
Bien -pero la escena cambia - ¡Puga! ¿Qué manos patibularias
¿Clavarían un pergamino sobre su pecho? Sus propias manos
Lo leyeron. ¡Pobre traidor, escupió y maldijo!

XVIII
Es preferible este presente que un pasado así;
¡De vuelta hacia mi oscuro sendero otra vez!
Ningún sonido, nada se ve hasta donde alcanza la vista.
¿Enviará la noche una lechuza o un murciélago?
Pregunté, cuando algo en la lóbrega llanura
Vino a interrumpir mis pensamientos y cambiar su curso.

XIX
Un repentino arroyo se atravesó en mi camino,
Tan inesperado como la aparición de una serpiente.
Corriente tumultuosa discordante con las tinieblas;
Ésta, tal como espumeaba, bien podría haber sido un baño
Para la ardiente pezuña de un demonio- al contemplar la ira
De su negro remolino salpicado de escamas y espuma.

XX
¡Tan insignificante, y aún así tan malévolo! A todo lo largo,
Los bajos y esmirriados alisos se arrodillaban ante él,
Los empapados sauces se arrojaban a sí mismos de cabeza en un arranque
De muda desesperación; un suicidio en masa:
El río que les había hecho tanto mal,
Lo que quiera que ello fuese, se iba rodando, sin dejarse disuadir.

XXI
El cual, mientras vadeaba, - ¡Cielo Santo, cómo temí
Poner mi pie sobre la mejilla de un hombre muerto
A cada paso, o sentir la lanza que introduje buscando
Agujeros, enredada en su cabello o su barba!
- Pudo haber sido una rata de agua lo que ensarté
Pero, ¡Ugh! Sonó como el chillido de un bebé.

XXII
Me sentí alegre al llegar a la otra orilla.
Ahora en pos de una tierra mejor. ¡Vano Presagio!
¿Quiénes eran los contendientes, qué guerra libraban,
Cuyo salvaje pisoteo hollaría así el húmedo
Terreno y lo convertiría en una charca? Sapos en un aljibe envenenado,
O gatos salvajes en una jaula de hierro candente.

XXIII
Así debió haberse visto la batalla en aquel claro talado.
¿Qué los acorraló allí, con toda la planicie a su disposición?
No había huellas que condujeran hacia aquellos hórridos maullidos,
Nada salvo eso. Loco brebaje elaborado para que
Sus cerebros piensen, sin duda, como los de los galeotes que el Turco
Enfrenta para divertirse, Cristianos contra Judíos.

XXIV
¡Y más que eso - un estadio más adelante- por qué, ahí!
¿Para qué maléfico uso serviría ese mecanismo, esa rueda,
O freno, no rueda- esa trilla lista para devanar
Cuerpos de hombres como si fuesen seda? Con todo el aspecto
De la herramienta de Tophet, abandonada inadvertidamente en la tierra,
O traída para afilar sus enmohecidos dientes de acero.

XXV
Luego vino un tramo de tierra llena de tocones, otrora un bosque,
Después una ciénaga, o así parecía, y entonces sólo tierra
Desesperada y abandonada (al igual que un tonto halla regocijo,
Hace una cosa y luego la estropea, hasta que su ánimo
¡Cambia y entonces se marcha!) durante un cuarto de acre-
Lodo, arcilla y grava, arena y sombría desolación negra.

XXVI
Ora inflamadas erupciones, de colores vivos y horrendos,
Ora terrenos donde la aridez del suelo
Se volvía moho o una sustancia como forúnculos;
Y apareció un roble paralítico, con una hendidura en él
Como una boca angustiada que resquebraja su corteza
Boqueando a la muerte, y muriendo mientras se repliega.

XXVII
¡Y tan lejos como siempre del final!
Nada en la distancia salvo la noche, nada
¡Hacia dónde dirigir mis pasos! Mientras lo pensaba,
Un gran pájaro negro, el íntimo amigo de Apollyon,
Pasó volando, sin batir sus amplias alas de pluma de dragón
Que rozaron mi gorro- quizá era la guía que yo buscaba.

XXVIII
Pues, mirando hacia arriba, de alguna manera me di cuenta,
A pesar del ocaso, de que la llanura había cedido su lugar
En derredor a las montañas- por honrar con semejante nombre
A los feos y apenas cerros y montículos que tapaban la vista.
Cómo de tal modo me habían sorprendido, - acláralo, ¡Tú!
Cómo salir de ellos no estaba muy claro.

XXIX
Sin embargo, una parte de mí pareció descubrir algún truco
malévolo que me aconteció, Dios sabe cuándo-
En alguna pesadilla tal vez. Aquí terminaba, entonces,
Seguir por ese camino. Cuando, en el preciso momento
De darme por vencido una vez más, escuché un chasquido
¡Como el de una trampa al cerrarse- te hallas en la guarida!

XXX
Como en una llamarada comprendí todo súbitamente,
¡Éste era el lugar! Esas dos colinas a la derecha,
Agazapadas como dos toros con las astas trabadas en pelea;
Mientras a la izquierda, una alta y trasquilada montaña… So tonto,
Viejo senil, dormitando justo ahora¡
Tras pasar una vida adiestrándote para verla!

XXXI
¿Qué se asentaba en el medio sino la Torre misma?
La redondeada torreta achaparrada, ciega como el corazón del loco,
Construida en piedra parda, sin parangón
En el mundo entero. El burlón elfo de la tempestad
Señala con el dedo al marinero, de este modo, el ser invisible
Le ataca, solamente cuando el navío zarpa

XXXII
¿No ves? ¿Acaso por la noche?- por qué, el día¡Regresó para eso! Antes de irse,
El moribundo ocaso ardió en una fisura;
Las colinas, como gigantes en cacería, yacen
Con la barbilla en mano, para ver la caza acorralada-
"¡Ahora apuñala, y termina con la criatura- hasta el mango!"

XXXIII
¿No escuchas? ¡Si hay ruido por todas partes! El tañido
creciente de una campana. Escuchaba
Los nombres de todos los aventureros desaparecidos, mis pares-
Cómo tal era fuerte, y cual valeroso,
Y el otro afortunado, sin embargo, cada uno de ellos de tiempos pasados
¡Perdidos, Perdidos! En un momento tocaba a muerto por años de tristeza

XXXIV
Ahí se encontraban, alineados a lo largo de las faldas de las colinas, reunidos
Para verme por última vez, un marco viviente
¡Para un cuadro más! En un lienzo en llamas
Les vi y les reconocí a todos. Y sin embargo,
Impávido, llevé a mis labios el cuerno,
Y toqué. "El noble Roland ha llegado a la Torre Oscura".


/Robert Browning/
Fuente: http://poemaseningles.blogspot.com/2006/04/robert-browning-childe-roland-to-dark_03.html